miércoles, 9 de julio de 2014



EL MARAVILLOSO MUNDO AZTECA

Año 9, No.94, Enero-Febrero 2005


Cuando incursionamos por la senda de la historia de México, nos encontramos el mundo maravilloso del Magno Imperio Azteca, ese gran universo de la riqueza mexicana, de ese pasaje histórico que nos obliga a formularnos un sinnúmero de preguntas, al igual, como ha ocurrido con un varios escritores e investigadores de renombre mundial, quienes han conocido ese bello pasaje de nuestros antiguos mexicanos.

Entre la gran variedad de comentarios históricos relacionados al Magno Imperio Azteca surgen las preguntas al ver pequeños datos que contradicen el texto y que difícilmente encontramos una respuesta lógica, como fue lo relacionado a su tecnología y ciencia. En este caso, sus vestuarios, obras y economía.

En estelas de piedra, así como libros o códices, se puede apreciar los diversos trajes de lujo o sencillos que usaron nuestros antiguos mexicanos, modelos que posteriormente fueron puestos de moda en diferentes sociedades del mundo; en nuestra revista número 69 del año 2001, en páginas interiores, exhibimos un traje europeo del siglo XVI, después de la invasión a México que es idéntico a un traje Maya.

Hoy, en este presente número, continuando con esta investigación histórica, presentamos tres cuadros de una colección de 20 dibujos realizados en tablillas de madera, del pintor mexicano Miguel González, dibujadas en el año 1698, en los cuales, presenta tres escenas históricas de principios de la invasión europea al Magno Imperio Azteca.

En el primer cuadro, denominado «comida ofrecida por Hernán Cortés a los embajadores del Señor Moctezuma», en esta pintura, bastante significativa, se aprecia al capitán europeo en un ameno coloquio o charla con los embajadores mexicanos, en tanto sirvientes europeos sirven la mesa. Alrededor de ellos se encuentran guerreros de diversos bandos.
Comida ofrecida por Hernán Cortés a los embajadores del Señor Moctezuma

En este mismo cuadro, el pintor deja entrever la diplomática presentación de los embajadores Aztecas, así como su elegante vestuario, rematado con una fina capa y del buen arreglo de sus cabelleras y barba, cabellera adornada por una diadema a manera de corona; pero lo más significativo de este cuadro, es la no presencia de intérpretes.

En el segundo cuadro, denominado «El Señor Moctezuma y su pueblo», el pintor remarca el aprecio y respeto que el pueblo tenía hacia su príncipe o emperador, asimismo podemos ver los elegantes vestuarios de la gente común, de nuestros antiguos mexicanos, en los cuales, resalta el uso común de la bota ajustada, de las vistosas capas con delicados estampados
.
Entre la gente se aprecian diferentes adornos en sus cabezas, que van desde las anchas diademas con varios picos, hasta gorros altos de diversos colores, pero no dibujó ningún penacho, ni a ninguna persona vestida con un simple taparrabo o semidesnudo, como los dibujos de hoy que tanto caracterizan, supuestamente, a nuestros antiguos mexicanos.

En su tercera pintura, Miguel González, escenifica «la visita de los europeos al Palacio Imperial del Señor Moctezuma», podemos ver, al fondo, sobre la pared una serie de pinturas en donde están, en cuerpo entero, los anteriores emperadores de México, a la derecha del cuadro, está colocadas dos sillas de madera fina y acojinadas, en lo alto un escudo con un águila real con las alas extendidas y de frente, con gesto imperial.

El Señor Moctezuma y su Pueblo
En la pintura se aprecia la manifestación de asombro que reflejan varios de los europeos ante la majestuosidad y lujo del edificio imperial, durante su ascenso por una de las escaleras de la recia construcción. Asimismo se puede apreciar el elegante vestuario mexicano y la cordialidad y respeto de ambos grupos.




Estas significativas pinturas, nos recuerdan un pasaje histórico escrito por Bernal Díaz del Castillo, en donde dice que cuando entraron a la ciudad de México Tenochtitlan, estaba el Señor Moctezuma esperándolos, acompañados de sus intérpretes.

Entre otras maravillas y contradicciones de nuestro México y resaltada por los europeos, fue durante su viaje por la calzada de Iztapalapa, en donde, Hernán Cortés y sus consejeros, admirados ante la recia construcción de dicha avenida, calcularon, que de acuerdo a la tecnología europea, esta obra de 9 kilómetros de longitud, 7 metros de ancho y 5 metros de altura, se llevaría cuatro millones de días hombre para realizarla.

Es decir que los Aztecas para construir las cinco principales calzadas de la Gran Ciudad de México Tenochtitlan, tuvieron que realizarla en 25 millones de días hombre, lo cual significaría un tiempo de más de 5 mil años, aproximadamente.


Esto es totalmente contradictorio, pues según nuestra historia oficial, la ciudad de México fue construida supuestamente en 300 años antes de la invasión europea. Entonces, esto significaría que nuestros antiguos mexicanos contaban con una alta tecnología que les permitió realizar las calzadas en un breve tiempo, así como sus maravillosos palacios y templos. 

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